martes, 17 de julio de 2012

El Cartel de los... ¿Pollos?

Cartel. Cartel es la palabra clave que muchas veces falta en la discusión del precio de los pollos. Cuando pensamos en “cartel” pensamos en narcos, pero esto es una percepción errada. Es más, curiosamente, los carteles del narco ya no son realmente carteles. Un cartel es un acuerdo entre casi todos productores de un bien (o en caso de la cocaína, un mal) para fijar un precio artificialmente alto, lo que reduce la cantidad del bien vendido pero aumenta los beneficios a todos los productores. La creación de un cartel requiere de un alto nivel de confianza entre los productores, pues si alguien decide engañar al cartel y bajar los precios puede beneficiarse de tomar gran parte del mercado perjudicando a los demás productores, acabando con el cartel. Podemos ver como es difícil que los narcos sean carteles, ya que la mayoría de los capos son enemigos, literalmente, mortales.  Arturo Sarukhán, emabajdor de México en EEUU lamenta que los narcos no sean verdaderos carteles: si lo fueran no hubiera tanta violencia[1]. Además, se vendiera menos droga.
 La instauración de un Cartel es la única forma de replicar los efectos nocivos de un monopolio en el mercado semi-competitivo[2] del pollo. Si no existe un cartel, cuando un productor sube los precios por encima de lo justo los demás tienen incentivos para dejar los suyos intactos y acaparar el mercado, dejando sin ventas al prospectivo abusador. Así mismo, si obligamos a un mercado sin cartel a bajar sus precios artificialmente, obligamos a los agropecuarios a producir por debajo de la demanda e incluso a veces quebrar, resultando en menos pollos disponibles para el pueblo.
Entonces, la pregunta que tenemos que hacernos es: ¿formaron los productores de pollo en la República Dominicana un cartel? Yo no tengo la respuesta, pero identificar que esta es la pregunta adecuada es un paso prioritario para definir el curso correcto de acción, tanto por las autoridades como por el pueblo. Sobre dos actores recae la responsabilidad directa de responderla: el gobierno (proconsumidor, procompetencia, etc.) y la prensa formal (te estoy mirando, Nuria). Éstos tienen diversas formas para hacerlo, se pueden conseguir órdenes judiciales para revisar el correo electrónico de las empresas, conseguir informantes, comparar estados financieros de la industria pollera con otros comparables, etc.; los abogados y periodistas formales sabrán mejor que yo. Aún así, en este país los chismes se riegan más que una gripe, y la gente no es experta cuidando su reputación. Hace menos de tres meses escuché a un productor dominicano de otra industria[3] jactarse de la forma en que fijaba precios con sus competidores en una conversación informal, extremadamente orgulloso de su hazaña. En fin, en este paisito chismosos no faltan. Lo que falta es capital político y voluntad para investigar bien, cuando es más fácil decirle a la gente que organice un “día sin pollo”[4] y al mes se olvide de este problema.
Si la investigación de la que hablo se lleva a cabo y se determina que las acusaciones de un cartel son verdaderas, el curso de acción adecuado es fácil: imponer multas y sanciones a los productores de pollos y obligarles de forma legal a bajar sus precios. En caso de que se confirme el supuesto cartel, el caso es grave y todos los dominicanos deberíamos de hacer nuestra parte para presionar a las autoridades y que se cumpla la sentencia para que tengamos acceso al libre mercado pollero. Si la investigación concluye que las acusaciones son falsas, el curso es aún más simple: Aceptar el precio del pollo, comprarlo si nos apetece y si no, no. En cualquiera de los dos casos, sigue siendo  verdad lo que dice Inés Aizpún[5]: que el problema real es que los dominicanos tenemos poco dinero. No podemos pasarnos la vida tomando analgésicos para no sentir el dolor cuando lo que tenemos en este país es un cáncer, hay que pelear la raíz del problema de la pobreza, que para mí, comienza en la educación.
               


[2] No me atrevo a llamar perfectamente “competitivo" a casi ningún mercado en la República Dominicana.
[3] Jajaj ¡no, no les voy a decir así por así! Pero si me llama procompetencia… bueno… es mi deber ciudadano.
[4] Una crítica importante que aplica a todos los que pretenden protestar haciendo "un día sin comprar X producto." ¡ESO NO FUNCIONA! Cuando el producto X normalmente se compra una vez a la semana un día sin comprarlo no hace NADA. Las casas compran pollo por ejemplo el sábado, pero no comen pollo los 7 días, entonces si van a protestar calculan que el martes no pueden comer pollo y en vez del martes se lo comen el lunes, miércoles o jueves y a los productores les llega exactamente la misma cantidad de dinero. Ahora, una SEMANA sin pollo... ¡ahí si duele! Muchísimo más que siete días sin pollo en semanas diferentes.
[5] Editorial del Diaro Libre del Lunes 16 de Julio, 2012.

2 comentarios:

  1. http://espanol.upi.com/Economia/2012/06/28/Mueren-asfixiados-por-el-calor-unos-tres-millones-de-pollos-en-Dominicana/UPI-80401340914032/

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  2. Esa muy bien puede ser una razón importante para el alza de los precios del pollo, cuando 15% de la población de pollos se pierde. Esta es una explicación que tiene que ver con una limitación en la oferta, evidencia contraria a que el alza se deba a la creación de un posible cartel.

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